Si nunca la hubiera conocido, tal vez, iria otra agarrada de mi mano y yo, sumido en mi ignorancia, ajeno a la màs absoluta verdad, creeria que soy feliz...
Mientras camino por la calle oigo su alegre trote cercano, el paso acompasado introduce extraños cambios de ritmo producidos por la aceleración o el encuentro con obstaculos en el camino; me gusta cerrar los ojos y extender la mano ligeramente mientras continuo andando para, segundos despues, sentir como su pequeñez queda envuelta en la mia, algo màs basta, y así comienza un desfile sincronizado en el que avanzamos juntos, de la mano, hacia un futuro incierto, desafiante a mis ojos, ilusionante a los suyos infantiles, pero en todo caso compartido.
Flexiono las rodillas para recoger del sofá un cuerpecito agotado que se aferra a un trapo y una conejita de peluche; cargo con él por el pasillo, flotando, siento su respiración tranquila en mi cuello con orgullo y gratitud de poder ofrecer seguridad a ese breve paseo y a mi familia. Beso su frente tibia mientras, con mucho cuidado, la dejo en su cama rodeada de "amuletos", desde un dibujo de la Virgen Maria hasta una figura del hada madrina de la cenicienta, que la protegen de miedos abstractos y casi siempre poco definidos... Sin que me oiga ya le doy las buenas noches, le deseo que descanse y que Dios esté con ella siempre.
El amor de tu vida puede haber estado siempre a tu lado o puede aparecer mañana, puede estar en la verbena de tu pueblo, en tu clase o tu trabajo; el mio son unas siluetas dibujadas a medio esbozo en la oscuridad cuando hago la guardia de media noche para asegurarme de que todo marcha bien... Mientras yo, sereno y con la satisfacción de saber mi universo en orden, de saber mi parte hecha, me acuesto al lado de mi suerte y mi mundo para por fin, ya bajos los brazos, poder descansar.