Me cuesta reconocerlo pero hace unos días le hice una foto a la comida...
Ya es frecuente que andemos sin mirar por donde vamos y malgastemos gran parte de nuestro tiempo con el wasap y sus historias, pero la modernidad ha traspasado los limites de la propia temporalidad para instalarse en los del existencialismo; si no se fotografía y difunde, si no se cuenta en redes sociales, no ha pasado. Se hacen fotos a millares, no por el deseo de inmortalizar el recuerdo que queremos conservar sino por mostrarle al mundo que estamos allí, que lo hemos hecho, que existimos, que respiramos... para que los demás nos puedan ver y competir con ellos en "felicidad"... cuando esto parece solo reflejar la necesidad de autoconvencernos de lo felices que somos y la incapacidad de sentirnos seguros de nosotros mismos.
Una mañana luminosa vi a una chica parada en mitad de la calle con el mar a su espalda haciéndose un selfi; sonreía como si le fuera la vida en ello y yo creí que realmente estaba disfrutando de aquello, del mar, de la catedral, de miles de años de historia y la mañana tranquila...no había acabado de perder el movil la verticalidad cuando la sonrisa desapareció, se perdió con ojos tristes en el fondo del bolso donde acabó el aparato, No miró el mar, no miró la catedral, solo el suelo al caminar.
Así son las cosas ahora, difundir para existir, difundir para ser y parecer; y yo cada vez tengo más claro que, y esto no me hace mejor que a nadie, "no me interesa existir".
Estas últimas semanas he vivido también, he hecho cosas que muchos quisieran y tengo fotos,claro, que desde las paredes mi casa me recordarán la suerte que tengo; sin nadie con quien competir, sin nadie a quien rendirle cuentas.
Hace calor y entro al Mercadona del pueblo a buscar agua. En la puerta hay una pareja tirada junto a varios cascos de cerveza vacíos pidiendo dinero a todo el que entra, tienen allí sus mochilas, camisetas con mensajes socio-combativos y un aparente desprecio hacia la higiene que deben haber paseado por la noche de fiesta que se pegaron el día anterior. Al salir veo junto a la puerta, cerca de la pareja, a un joven esperando. Veo que cuando alguna persona mayor sale con algo pesado él se ofrece a cargar con todo lo que puede; le veo acarrear varias bolsas y un par de garrafas de agua y llevarlas hasta el parking... ofrece lo que puede o lo que le dejan ofrecer, no pide limosna, parece no querer nada que el pueda ganar;hace mucho calor como decía y este hombre vuelve a su puesto, firme bajo el sol para ganar algo de dinero (en la entrada no hay sombra pero es por donde pasan los clientes); mientras, la entrañable pareja se arrastra y fuma a la sombra.
Que esto está mal montado, cierto, que hay quien nace alfil y quien nace peón, más que cierto, que hay cosas que cambiar, de acuerdo; pero ya te haya tocado ser torre, alfil o peón siempre estarás amenazado, y mientras unos deciden darse por vencidos antes de empezar, o dejar que las otras piezas les den cobertura, otros deciden pelear, avanzando, casilla a casilla, como ese peón negro que avanzaba silencioso, en la puerta de un mercado, buscando su oportunidad.
Es de uso común y creencia generalizada defender el turismo como modelo económico; da dinero y genera empleo dicen, pero nadie se pregunta a costa de qué. El turismo no es necesariamente malo pero si que destruye la esencia de las ciudades. Quizás el ejemplo más claro de esto es una Venecia sin venecianos, ¿quien querría vivir en un parque temático de ruido, carteristas, y puestos de "recuerdos"?... el turismo da dinero, sí, pero también consume y destruye la identidad de los lugares, sus tópicos y su atmósfera.
Ya es bastante triste que los centros de todas las ciudades del mundo sean calcos los unos de los otros, con sus Mc Donals, ZARA...etc... lugares "muertos", sin alma, pero llenos de "vida" ruido y luces de colores. Los lugares emblemáticos de cada ciudad son conquistados por oleadas de gente con cámara de foto que hace cola en museos para ver cosas que probablemente no sean capaces de comprender o valorar, y que están ahí simplemente porque es "lo que hay que ver", personas que se van a otros países a comprar productos de marca porque son más baratos allí... resultado de la conjunción perfecta de hombre masa y low cost.
Basar la sostenibilidad de una ciudad en el turismo es huir hacia adelante simplemente porque da dinero; lo natural, no digo lo lógico, sería proteger la cultura, la historia y a las gentes del lugar, fomentar el turismo como presentación ante el mundo de lo que somos, de lo que fuimos, y no como motor económico de nada.
Un modelo económico se debe basar en ser productivo y eficiente que no es lo mismo que ser un engranaje más en la maquinaria del presente que se mueve deprisa y todo lo reduce al valor fluctuante del dinero.
Quizás el mayor logro de la modernidad y la mayor de nuestras derrotas sea el individualismo inoculado en la sociedad. Perdido completamente el sentido de la colectividad el ser humano deja de ser-humano para convertirse en individuo y roto el sentimiento de comunidad se pierden los objetivos comunes.
Una gran ciudad es el mejor lugar para ser consciente de esto, aquí cada uno va a lo suyo y los problemas de los demás son eso, de los demás... futbol, tele, casa, coche, centro comercial y yo a lo mio.
Por suerte no creo que nosotros seamos así, por suerte tus cortes me duelen a mi también y aunque a veces recibamos golpes seguimos en formación. Ya sabes que como en el cuento "esto también pasará" y cuando pase seguiremos ahí para reír y celebrar. Adelante!!
Recuerdo a mi madre todos los 31 de diciembre, poco después de tomar las uvas, abriendo las ventanas de la casa para escuchar como los buques fondeados en puerto rompían el silencio de las calles vacías con su señal. Era algo que desconozco si sucedía en todas las ciudades porteñas del mundo o solo en la nuestra; era algo bonito,tradición que nos hacía sonreír.
Hace varios años que las sirenas no resuenan para darle la bienvenida al año nuevo. Quizás es la crisis la que ya no permite que los buques arriben a puerto, o simplemente es que alguien dejó de molestarse en hacerlas sonar. Sea como fuere, mientras nosotros esperamos en la terraza,cada año con menos esperanza, el sonar de las sirenas, no puedo evitar imaginar al capitán en el puesto de mando, "tablet" en mano, felicitando el año a través de twitter mientras la tripulación envía por "wasap" gilipolleces y felicitaciones pre-cocinadas.
Se que a nadie le importa pero para mi madre y para mí significaba algo.
Que le vamos a hacer... solo es una cosa más en la que dejar de creer, un paso más hacia la destrucción de los detalles, una cosa menos en la que creer de las muchas que teníamos y las pocas que nos quedan. Solo es una cosa menos en la que creer... y, aunque, en las extrañas formas del mar, alguna vez las intuí nadando curiosas a mi estribor, ya no creo en sirenas y, visto lo visto, quizás sea lo mejor.
A pesar de todo cada año se abrirán nuestras ventanas, por si algún día quieren regresar.